Estamos entrando en Marzo. Ayer me asomé a la ventana de mi lavadero, donde me imagino fumando un cigarro como antiguamente hacía como una excusa para estar un rato conmigo misma. Ahora me asomo sin nada entre los dedos pero con las mismas ganas de paz.
En uno de los momentos en que fijo la vista en algún lugar sin el menor interés, me noto extraña y me paro a ver por qué.
Allí estaba colgando de un balcón. Fuera de lugar y sin embargo marcando territorio. Una enorme estrella plateada de Navidad resplandecía bajo los cotizados rayos de sol que recibimos con añoranza inglesa.
Me quedo pensando. Para eso estaba allí, al fin y al cabo. Y se me ocurre que nos cuesta mucho pasar página, desprendernos, despedirnos.
Quizás ese adorno esté ocupando el lugar del hijo que volvió por navidad como el turrón y que ya ha vuelto a sus quehaceres lejos de casa. O signifique para esa persona la época familiar contra el tedio y la soledad que la inunda el resto del año. O sea el aniversario de un ser querido que murió el 25 de diciembre. O la colocó allí su marido antes de separarse el día de Reyes.
O simplemente no han vuelto a salir al balcón desde esas fechas dado el mal tiempo que ha hecho…
No lo sabremos nunca. Sólo sé que cuando me asomo a mi ventana me invade un escalofrío.
Compañía eléctrica & karma
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*Corría como alma que lleva el diablo y, en su carrera, chocó contra una
mujer que cayó de bruces al suelo mientras se le desparramaban la pasta
recién...
Hace 1 semana

